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Historias del US Open para no dormir

En unas horas arranca el US Open en Torrey Pines. Edición 121. Es el torneo más difícil de la temporada, el más exigente, el más cruel por momentos y doloroso. Es la prueba que lleva a los jugadores a su límite emocional y físico. Se puede convertir en una pesadilla y hay que estar preparados. Esa dureza lo convierte en un una cita especial, diferente, muy atractiva y emocionante. Hemos preguntado a varios jugadores españoles que nos cuenten su historia para no dormir en el US Open. Les invitamos a contemplar esta particular galería de los horrores. Esto también es golf, anda que no, y es vibrante.

Sergio García y el putt imposible (Oakmont 2016)

«En 2016, en Oakmont, donde ganó Dustin Johnson y yo estuve cerca, tengo una anécdota que define bien cómo es el US Open. Sucedió en la tercera jornada, hoyo 12, par 5 largo. Pegué el drive un pelín a la izquierda y la metí en el búnker, a unas 300 yardas. Inugable. Búnker muy profundo, pegué una sacada con el bláster hacia adelante porque no había más que hacer y de tercero pegué un hierro 3 a green. Fue muy bueno. La boté justo al principio de green. Recibía cuesta abajo, así que botó fuerte, empezó a rodar y se pasó el green. La bandera estaba en el centro de green pegada a la izquierda. Se me quedó un approach cuesta arriba, lo hice muy bien y la dejé literalmente a tres pies, a un metro, no más, justo a la derecha del hoyo. Me acuerdo de mirar el putt y no me lo podía creer… Un putt de un metro lo tenía que tirar un hoyo a la derecha. Y lo más complicado en esa situación es creerte que desde un metro va a caer tanto. Lo metí, pero recuerdo que no daba crédito a lo que tenía por delante. Un putt de un metro y un hoyo fuera…».

José Manuel Lara y la cara del ‘starter’ (Bethpage 2009)

«Llegué al campo del US Open, era el Bethpage Black, el más largo en la historia del US Open en aquel momento. Hacía muy mal tiempo, mucha lluvia y estaba mega mojado. El día de entrenamiento jugaba con Francesco Molinari y Miguel Ángel Jiménez. El Pisha me dijo: vente temprano que antes de subir al tee hay que firmar unos autógrafos. Y yo le respondí: pero temprano, qué es… Vente una hora y media antes, me dijo. Me sorprendió, pero nada, yo llegué allí una hora y media antes de la salida y, efectivamente, había un pasillo hasta el tee del 1 en el que estuvimos firmando una hora… Yo alucinaba con la gente llamándome por mi nombre, con fotos mías impresas… Pero ahora viene lo bueno. Luego, cuando subí al tee del 1, con el campo totalmente encharcado, había llovido muchísimo… y larguísimo, le dije al ‘starter’: «¿se colocará bola, no?». Me miró con cara de a ver de qué planeta ha venido este y me soltó: «Esto es el US Open, aquí es imposible que se coloque la bola, no va a pasar nunca, así que ya sabes…». Y ahí me quedé yo con la cara de para qué preguntaré ná…».

Pablo Larrazábal y la angustia (Pinehurst 2014)

«Yo he jugado el US Open menos US Open de la historia reciente, en Pinehurst Nº2 2014. Un campazo. Recuerdo que jugué bastante bien el primer día, hice muy pocas, me quedé muy cerca del par y el segundo día empecé también muy bien. A falta de nueve hoyos estaba dentro del corte holgado. Hice bogey en el 9 y me puse +2 en el total y el corte apuntaba a +5, +6… A partir de ahí me entró una angustia tremenda. Ya no fui capaz de hacer un par. No sé si hice +10 en esos nueve hoyos o qué, prefiero no recordarlo mucho, sin lograr hacer un par. Fallaba justo el green y tenía un approach casi imposible… Es una carrera de paciencia. Si la hubiera tenido habría pasado tranquilamente. Tenía el juego para pasar el corte. Seguramente fue el mejor año de mi carrera. Me gustó mucho la preparación de aquella  vez, pero nunca olvidaré aquella sensación de angustia de no voy a ser capaz de hacer un par…».

Gonzalo Fernández Castaño y el baloncesto (Olympic 2012)

«Recuerdo el Olympic Club del año 2012. Ganó Webb Simpson. Nunca olvidaré que empecé con triple bogey en el primer hoyo y justo ahí pensé, para qué narices me habré venido yo aquí hasta San Francisco para jugar esto… Empecé con triple bogey y acabé con un triple bogey. Aquello pareció más un partido de baloncesto que golf.

Nacho Garrido y la trampa desde el tee (Olympic 1998)

«Mi experiencia fue en el Olympic Club de San Francisco, en 1998. Era un campo que si lo mirabas desde el tee con ojos borrosos veías árboles a ambos lados de la calle, bastante ancho entre los árboles y el green al fondo. Había bastantes dog legs, pero en general eran suaves. Eso era cuando lo mirabas al frente, hacia arriba, pero si mirabas hacia abajo, a la calle, en vez de ir dibujando el perfil de los árboles, lo que hacía era lo siguiente: en los dog legs de izquierda a derecha en vez de ir la calle pegada a los árboles de la derecha, iba pegada a los árboles de la izquierda, quitaban la mitad de la calle de la derecha y la hacían rough para que luego subiera hacia la derecha, con lo cual el dog leg que a priori era de 20 grados terminaba siendo de 40-50 grados con una calle estrechísima que la cogías completamente revirada. Si a eso le añades que era tres o cuatro veces más rough de lo habitual, sabías que si fallabas no llegabas al green y que ni siquiera sacarla a calle era fácil, ya que te podías cruzar perfectamente. Aquel US Open fue especialmente duro, si no me equivoco se ganó con el par y el top ten se hizo con +8, una barbaridad. Fue muy difícil porque mantener la bola en juego era casi imposible. Dog legs muy acentuados con las calles cayendo hacia al lado contrario. Estaba preparado totalmente como una trampa, de manera que sólo los más precisos podían sacarlo adelante. Esa es la imagen que yo tengo del US Open. Eso y el green del hoyo 18. Te recibe completamente cuesta arriba de manera que si te pasabas el hoyo, el putt de vuelta se te quedaba mínimo a ocho metros porque no había quien la parara. Era imposible patear cuesta abajo. Circunstancias muy especiales, y muy bonitas también. La dureza de este deporte llevado al extremo. Eso sí, no lo que te gustaría jugar cada semana porque te volverías loco».

Álvaro Quirós y la salida del 10 (Bethpage 2009)

«Soy parco en recuerdos y anécdotas, sobre todo negativas, que prefiero olvidarlas, pero haciendo un esfuerzo recuerdo que en mi primer US Open en Bethpage Black me sorprendió cómo se estaba jugando. El campo estaba muy mojado, hacía viento, la bola volaba muy poco y aún así estaba muy largo. En el hoyo 10, un par 4, la USGA había abusado de la distancia hasta el punto de que el inicio de la calle estaba bastante lejos. No era fácil ni siquiera llegar a la calle. Tanto es así que Corey Pavin la dejó en el camino de hierba cortada perpendicular a la calle que hay desde el tee hacia el fairway, por donde suelen andar los jugadores cuando salen del tee camino del segundo golpe. No llegó a la calle. Aquello me impactó».

Adrián Otaegui y la aceptación (Winged Foot 2020)

«No tengo mucha memoria para anécdotas concretas, pero cualquier US Open sabes que va a ser de los torneos más exigentes. El rough va a ser una salvajada y los greenes son muy difíciles, movidos, rápidos y banderas en los sitios más complicados, es su particularidad y belleza. Creo que es un torneo muy duro y la clave está en no hacer muchos bogeys. Hay que cortar las rachas de bogeys para que no te caigan muchos seguidos y luego es muy importante aceptar que es muy probable que pegues golpes buenos o muy buenos y termines con bogey. Te van a tocar golpes de esos y hay que estar preparado».

Adri Arnaus y el árbol del 18 (Pebble Beach 2019)

«El US Open es el mejor test que hay. Hubo un par de momentos en el campo en los que quise decir tierra trágame. Antes de ir con la anécdota, una cosa muy bonita. El domingo antes de empezar el torneo salí a jugar unos hoyos de prácticas. Estaba en el hoyo 17 y vi que tardaba mucho el grupo de delante… Qué pasará, me preguntaba. De pronto, me doy cuenta de que tenía a Tiger Woods delante. Palabras mayores. Era mi primer US Open y ahí fue donde me di cuenta de dónde estaba. Tiger estaba jugando solo y había como doce personas a su alrededor. A ver si pronto lo tenemos de vuelta. El campo me puso contra las cuerdas alguna que otra vez, especialmente el viernes por la tarde. Estaba dentro del corte, pero sabía que tenía que jugar bien porque a la que te despistas en el US Open lo pagas caro. Cogí la calle del 15 y tenía un hierro 8. Por no fallar al lado malo, la  mandé al lado bueno y cayó un bogey… ahí empiezas a pensar en el corte. En el 16, calle ancha de hierro 4, falló también y cae otro bogey. Saqué un buen par en el 17 y en el 18 viví el momento más ‘heavy’. Estaba en medio de la calle, par 5 y el famoso árbol de la izquierda de la calle se me quedó en línea del golpe. Sólo tenía que tirarla por encima y dejarme un pitch de tercero… pero me comí el árbol entrero, la bola cayó a plomo, justo debajo del árbol. Fue un momento de me tiró al mar o seguimos… Decidí seguir y acabamos sacando el bogey. Nunca en el US Open te puedes despistar. Fue un momento curioso. Al menos, acabamos jugando el fin de semana y lo gocé como un niño pequeño. Lo espero volver a vivir pronto».

Fuente: Ten Golf

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