El método que mezcla sal de Epsom y agua para “detectar” defectos en las bolas de golf volvió a la palestra gracias a Bryson DeChambeau, quien asegura haber ganado el U.S. Open aplicándolo.
La técnica consiste en preparar una solución de sal de Epsom y agua y sumergir la bola de golf hasta que flote. Una vez en la superficie, se marca y se comprueba si siempre flota con la marca hacia arriba. Según Bryson, esto revela si la bola tiene el centro de gravedad desviado, lo que le permitiría colocarla estratégicamente en los greens. Él argumenta que, a pesar de los controles de calidad en las fábricas, todas las bolas tienen pequeñas imperfecciones y este método le da una ventaja táctica.
Sin embargo, científicos y fabricantes han desmentido la fiabilidad de este test. La flotación de la bola depende de múltiples variables incontrolables, por lo que los resultados pueden ser erróneos. Aunque la práctica se remonta a la era de las bolas de balata y ha sido parte del folklore golfístico durante décadas, los avances en fabricación y control de calidad han hecho que la técnica pierda rigor científico.
A pesar de la atención mediática que Bryson le ha dado, los expertos recuerdan que la verdadera calidad empieza en la fábrica y en los estrictos controles que se realizan allí. Confiar únicamente en el test de sal de Epsom para mejorar el rendimiento es arriesgado. Al final, lo más recomendable sigue siendo elegir las bolas correctas en tu tienda de confianza y concentrarte en el juego.

