Considerado uno de los campos más difíciles del mundo, Oakmont Country Club se consagró como escenario del U.S. Open 2025 y un verdadero desafío para cualquier profesional.
La historia comienza con Henry Fownes, quien tras vender su instalación de altos hornos al legendario empresario Andrew Carnegie, descubrió su pasión por el golf. Su ambición fue clara: crear un campo que pusiera a prueba a los mejores jugadores del mundo. En 1903 compró 191 acres en Oakmont, Pensilvania, y reunió a 150 hombres para excavar a mano los primeros 12 hoyos antes de la llegada del invierno. El resto de los hoyos se completó en 1904, y el 1 de octubre de ese año presentó oficialmente su innovador campo.
Lo que diferenciaba a Oakmont de los tradicionales campos de lynx escoceses no era solo su diseño, sino su ubicación. Mientras los campos originales de Escocia se situaban junto al mar, Oakmont se encontraba en el interior de Estados Unidos. Sin árboles, con ocho pares 5, un par 6 y greens ultrarrápidos, el campo intimidó a todos desde el primer día. A simple vista, parecía la fantasía de un magnate retirado, pero Fownes tenía un objetivo muy concreto: recrear la brutalidad y la magia de los lynx escoceses en el corazón de América.
Hoy, cuando un profesional se enfrenta a Oakmont y siente la presión del terreno, es importante recordar que todo nació de la obsesión de un industrial por construir el campo más implacable de la historia, donde la precisión, la estrategia y la resistencia mental se ponen a prueba en cada hoyo.

