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Croogjj, croogjj: los clavos de metal vuelven a escena

Eran ya una gran mayoría los jugadores de golf de élite que habían desterrado de su vestuario y de su material los clavos de metal en el calzado de competición. Sin embargo, en los últimos tiempos se observa un retorno a tal recurso o herramienta. A día de hoy primaba en el mundo profesional (y sigue primando, todo hay que decirlo) el uso de calzado más deportivo con tacos o coronas de plástico en la suela, e incluso calzado con suela sin tacos o coronas, de uso híbrido, las clásicas zapatillas de golf que tanto se ven ahora de todas las marcas y modelos, que al jugador, sobre todo al aficionado, tan pronto le sirven para jugar al golf como para salir de cañas con un vestuario ‘casual’.

La semana pasada, en Abu Dhabi, ya veíamos a Rory McIlroy con clavos de metal en su calzado. No son tan aparatosos como aquellos de antaño que lucían los jugadores en los zapatos, ni dejan tanta ‘huella’ en los greenes, pero son clavos de metal a todos los efectos. Esta semana, en Dubai, el mismo Sergio García los lleva, igual que el defensor del título, Lucas Herbert. El asunto no queda ahí: Tiger Woods también decidió ya hace algún tiempo recuperar los clavitos de metal en la suela y, por supuesto, Bryson DeChambeau también los luce.

¿Por qué se está recuperando este material en el calzado? La razón es muy sencilla y tiene como máximo exponente precisamente a DeChambeau, el hombre que de alguna manera lidera la actual cruzada que existe en el golf de máximo nivel por conseguir mayor velocidad de palo y de bola. El trabajo de muchos jugadores, jóvenes recién llegados y no tan jóvenes, se ha enfocado en esa línea y al final, para alcanzar dicho objetivo se hace necesaria una tracción más fiable a la hora de empujar desde el suelo. Un agarre mayor, mejor sujeción.

Sergio, por ejemplo, decidió recuperar los clavos después del US Open en Winged Foot, donde sufrió varios resbalones serios en los tees del recorrido neoyorquino, y uno en concreto que le dejó tocado y a punto estuvo de provocarle una lesión algo más seria, además de descuajeringar el tiro (su bola apenas hizo cien metros de distancia hacia adelante, marchándose fuera de límites por la izquierda con una dispersión de más de cincuenta metros). Dos semanas más tarde ganaba el Sanderson Farms, hecho que desde luego apuntaló y reforzó su decisión. Hay que señalar que el trabajo del de Borriol en los últimos tiempos, también ha ido enfocado entre otras cosas a conseguir más velocidad de palo.

Poco a poco vamos a ir recuperando viejos sonidos en el campo de golf, sobre todo en los torneos profesionales: aquel crujir y lamentar de las puntas de metal cuando el jugador camina por caminos de cemento, adoquín o tierra dura: croogjj, croogjj, croogjj…

Fuente: ten-golf.com

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